¿Fingir o no fingir bienestar? es la pregunta que seguro te planteas cuando tienes mucho dolor y te preguntan ¿como estas? 

No estoy fingiendo estar enferma… la verdad finjo estar bien.

Este es un tema que para mí es controvertido. Porque ahora mismo, después de muchos años de viaje con dolor ya no creo que esto deba ser así. Sin embargo, durante mucho tiempo sí que lo hice.

 

Yo también he tenido Fibromialgia y aunque no he tenido que “luchar” para que me crean que tengo dolor, si viví de primera mano lo duro que es, lo difícil que es de definir y lo ingrato que puede llegar a ser.

 

 En esa época quería sentirme bien, lo juro… quería sobre todas las cosas que el dolor se fuera de mi vida, porque vivir con dolor ha sido un hándicap difícil de aceptar, como poco.

 

Reconozco que las personas, y sobre todo las mujeres que vivimos con dolor, y más aun con Fibromialgia (una enfermedad invisible) muchas veces somos tachadas de exageradas, y parece que nos inventamos lo que nos está sucediendo y en esa reivindicación porque nos crean muchas veces se nos va la energía.

 

Por eso la frase del título tiene mucho de verdad.

 

Sin embargo, como dije al comienzo después de tantos años de viaje con dolor, ahora he cambiado de opinión.

 

Ya no creo que sea necesario fingir. Fingir que estoy bien, porque, aunque muchos no lo crean, si estoy bien, aunque vivo con dolor.

 

He aprendido a ser consciente de que vivir con dolor no es el fin del mundo, que es una forma diferente de vivir, que, aunque lo que ven mis ojos y lo que entiende mi cerebro por vivir la vida parezca contrario e incompatible a lo que yo estoy viviendo, no es cierto.

 

No soy débil, no soy incapaz, no soy mejor ni peor por vivir con una condición de salud desfavorable

 

Simplemente el mundo parece no estar diseñado para nuestras vulnerabilidades, y resulta, señores, que TODOS SOMOS VULNERABLES y que fingir lo que no se es, es un auto engaño y auto engañarnos no es más que rechazarnos. 

 

Escucha tu cuerpo, se honesto contigo. Se amable contigo mismo.

 

El rechazar lo que nos acontece en cualquier momento lo empeora.  Está comprobado científicamente que aceptar y fluir con las circunstancias es favorable, sobre todo para las enfermedades incapacitantes.

 

El rechazo produce tensión y la tensión favorece al dolor. Favorece el límite, favorece la inmovilidad y todo esto complica el alivio en un altísimo porcentaje.

 

Gracias por estar ahí.